LAS HOJAS
DE UNA POLÍTICA INCIERTA
Páginas
y páginas de actualidad, son las que apenas unos días atrás se dejaban ver
sumidas en los avances de unas elecciones que son nada más el realce de otros
que siempre se han caracterizado por terminar en controversias que quedan
registradas en los anales históricos de una nación que procura seguir con sus
nociones y creencias en la idea clave, heredada por extranjeros que aún ven
pretéritos y expectativas en nuestra capacidad de elegir líderes. Aunque nos mantengamos
reacios en las doctrinas que nuestras mentes y corazones haya o sigan teniendo
conocimiento de fiero y dócil ambiente del que hayamos aprendido amar a la
patria, lo que nos identificara por mucho tiempo, es esa falta de lucha bien
estructurada bajo los aforos de la argumentación, la práctica de un modelo
moderno de ética, un respeto colectivo mutuo, entre otros ademanes que
carecemos y repetimos en cada época electoral.
Todo
lo anterior es sumado a la ineficiencia de las autoridades encargadas de estas
actividades, que se han enfrascado en un lento conteo y recibimiento de actas
que las induce al rezago y al reciente término de “tortuguismo”, dado por
ciertos medios de comunicación al estado desorganizado y descoordinado en el
que se encuentra el CNE (Congreso Nacional Electoral), incluso luego de la
celebración de las elecciones, que conlleva a que tanto la población como los
candidatos, estén atentos a un escrutinio que luce como una presa indefensa en
medio de una planicie infestada de depredadores.
De
acuerdo con el dicho de aura cruel de “los pueblos tienen los gobiernos que se
merecen”, esto nos deja un presagio que la ciudadanía debe estar pendiente,
puesto que detrás de esas pestañas bien delineadas que resaltan la belleza y de
esas posturas dominantes que denotan fuerza, yacen intenciones secretas y
ciertos detalles que quedan en el mero vacío de la ignorancia. Vendrán voces
del norte, que harán sucumbir hasta el más singular de quienes aspiran con ver
rostros conocidos en las planas de cualquier periódico impreso o digital de
Honduras.
Hay mensajes constantes, que preguntan a los nuevos elegidos si continuaran con la lucha contra todo lo impuro que permanece sin límites, lo que contradice todos esos hechos que constituyen a una narrativa incongruente y elaborada para pasar inadvertidos, de no ser por un pueblo que no cede ante una barrera de gran extrañeza. Si alguien se propone a querer pronunciar con antelación, cuál será el fin de estos sucesos, lo único que conseguirá será la realización de que los rostros de una disfrazada y honda decadencia en el sistema político; que dejo hace mucho de ser lo que era, el promotor principal de una democracia que desciende del civismo de periodos serenos que obedecieron al llamado de una voluntad inquebrantable.
En las
entrañas de las páginas del destino, una dama reposa en la cima de una montaña,
no puede ver donde esta, no puede escuchar lo que la rodea, no puede expresarse.
En otras palabras, no tiene la capacidad de sentir nada, hasta que percibe bajo
sus pies una superficie indescriptible, como si todos los males se aglomeraran
para darle esa sensación o presentimiento que todo cuanto ha conocido ha sido
desvanecido de la faz de la tierra que alguna vez llamo hogar. Cree recordar lo
que sucedió, pero su fragmentada memoria no le permite y empieza a llorar desconsoladamente
por haber confiado una vez en la palabra de quienes fueron sus hijos e hijas
que se disputaban por una herencia que solo existe en la draconiana imaginación
de un pueblo que pereció ante la inclemencia voraz del paso del tiempo y cayó
en una discordia cíclica. La dama es la nación que sufre por sus descendientes
que con dificultades acuden a su llanto que suele dejar heridas sin cicatrizar.
Los
retoños de la responsabilidad humana empezaran a clamar por el cese de la dura
tradición y mezclaran sus percepciones con la tan lastimada cultura, para hacer
emerger de lo roto por la persecución del poder, un mañana lleno de las mismas
intrigas que padece este capítulo de un libro mal contado por los mismos
narradores que sin visión sucesora, arrancan las páginas para incorporar textos
que describen una excelencia falsa y repleta de huecos secuenciales que se
perdieron en las huellas de la injusticia, hasta que se hallen en los
riachuelos que guían corrientes delgadas hacía océanos de dudas que tal vez
serán respondidas por estos vástagos de la nueva era.
La
fragilidad de nuestra sociedad ante conspiraciones y teorías es agobiante y
penetradora, pero su impacto tiene altibajos que las terminan de sepultar en
más páginas que las describirán como “intentos insulsos de oponerse al fracaso
político”. A pesar de distinguir todos los aspectos que fluyen en el espectro político,
tenemos que optar por la senda que creemos correcto, demostrando siempre que
Honduras debe ser el país que decida ser, que no debe orientarse por los
instintos mediocres e ilusorios que ahogan toda esperanza de obtener una página
de nuestra historia en donde prevalezcan los temas que hacen a una sociedad,
ser la que es.
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