jueves, 21 de diciembre de 2023

Cuando la Tinta Canta - Homenaje a Juan Ramón Molina

 

CUANDO LA TINTA CANTA

Sinónimo de triunfo

1 dólar beliceño emitido en el año 2000
Fuente: NUMISGAM
Centroamérica yacía en un lugar olvidado cuando el mundo le pertenecía a la Reina Victoria de Inglaterra, desde Londres hasta el Indostán y desde Suez hasta las indómitas tierras de Quebec eran sus dominios junto con la rara versión de Honduras, la Honduras Británica o Belice. Los hombres clamaban a gritos por un cambio, que se acabaran las nuevas eras de hambruna y pobreza ante los oídos sordos de esas últimas generaciones de emperadores, zares, monarcas, káiseres y presidentes que temían al surgimiento de un nuevo pabellón que solo trajera calamidad a la madre de los países, la Europa del siglo XIX y principios del siglo XX.

Nadie escuchó, y los creadores de historias y mitos, prosiguieron sus habituales escritos debatidos entre el surrealismo, el decadentismo, el amado cubismo y una corriente que elevaría al corazón del continente de la mano de un centroamericano igual o mejor que Rubén Darío.


Para Honduras, su versado caballero

Juan Ramón Molina era el nombre de ese ilustre que no se quedó en los sueños que traía el enclave que sustraía los mínimos o bananos y sembraba los dátiles traídos de Oriente, él despertó y voló más allá del Caribe en búsqueda de una verdad, una idea universal que empalmara a los hombres con fuerza y calidez, un concepto que transformase a las cinco estrellas en el amparo de los justos y honestos que poblarían Honduras para la eternidad.

Juan Ramón Molina.
Fuente: Proceso Digital
Intenso era el hombre que se direccionó rumbo a las costas brasileñas en donde saludo a los nuevos lusófonos acreedores del cielo, visitó la capital de los Señores de la Iberia al signo de Castilla y Aragón para cooperar en la creación del periódico conservador español ABC, para luego perderse en los fuegos del sur del cual hicieron caso omiso a sus versos y prosas.

¿Qué hizo Juan Ramón Molina con esas ambrosias literarias y de grato significado? Las convirtió en nuevos hitos de letras que habitan en cada una de las cinco estrellas que ondean entre las alturas de zafiro y las profundidades de lapis.

De su pluma, la honra de William Shakespeare a través de los poemas a una dama, un criminal y un rey negro, su trilogía de versos que solo exaltan el triunfo de su viaje por el mundo de las lenguas en donde se declama a favor de las eras. Pero en “El Chele”, su cuento por excelencia reaviva el amor falso y no correspondido en un Caribe que sirve como portal a esos otros ensueños que circundan la madreselva tropical de los cuales portó en su corazón al ser la figura que embelesó esa corriente llamada modernismo con odas a la elementalidad del espíritu.

 

Rebeliones, pasiones y melancolías

Wall Street, Nueva York, 1890. Lugar visitado
 por J. R. Molina en sus viajes.   
Fuente: DailyMail.com
Juan Ramón Molina se plasmó a sí mismo en cantos renovadores por una poética en consonancia con una métrica que traía el reciente narcisismo del mundo que englobaba la pureza de las más recientes capitales en cuyos arrabales se empezaba a tejer una melancolía por tiempos en donde no asediaba el fantasma de la mecánica y el carbón próximo a ser reemplazado por el petróleo.

La moda es y tenía que ser un medio para mostrar el espíritu, no como algo vago del ser, sino como una puerta a la tendencia de mejores cosas lejos de las incipientes reglas traídas del medioevo, pero siempre conservando el corazón y el sentimiento del romanticismo como motores distintivos de la expresión moderna, la dicha de los próximos hombres de acción curtidos en los campos de combate como en las luchas de los estancos.  

Las perlas de los collares de las aristócratas con sus largos y floreados sombreros sirven de inspiración a todos estos literatos y escritores a crear un panorama en donde esas perlas y esas flores fueron las que Odiseo trajo de una Troya sumida en el olvido de sus dioses. La Ítaca de estos quienes estuvieron al lado de Juan Ramón Molina, es una Honduras que temía a la guerra entre facciones internas, pero que no puede hacer nada para evitarlo.

Ante todo, esto el modernismo literario siempre llevó al “exotismo” consigo para empezar a deformar esas letras sin ademán a unas que hagan reflexionar sobre el tiempo que realmente necesita Honduras para ser una nación distinta.

Estatua de J. R. Molina del Parque la Libertad elaborado por el escultor mexicano Mario Zamora.                              Foto: Yony Rodríguez.

Quizás Juan Ramón Molina estaba harto de su vida, de su tan redundante cotidianidad, que empezó a maquinar versos en donde se despide de su cuna tropical en la que desenreda con llanto tímido el vuelo de las palomas que se anidan en las ceibas para después matarlas de un tiro aun cuando los pinos le reciben en su fosa de nostalgias y corajes mustios ¿Quién puede decir que estuvo perdido, si ni en sus viajes, habló con anacoretas?

La Isla del Tigre es aquella que no puede dejar herida ni abandonada por un hostigamiento que viene de los latidos de una redención que espera con cautela sin importar que los corceles de la noche le acechen. Él nunca le dijo adiós a Honduras, simplemente partió encima de uno de estos nocturnos animales por encima de la bella, así como fantasmal senda de su arte en 1908.

Para los últimos años del literato, el mundo empezaba a redactar los cantos que los hombres usarían en batalla. Todos piensan en dejar atrás las cadenas y apostar por el futuro a casi un centenario de cuando Lafayette y Bonaparte unieron sus almas en aras de la libertad, igualdad y fraternidad que serían mal interpretadas en el próximo siglo. Cuba abogaba por independencia, y Estados Unidos le dio a la isla la sombra venidera.

"... surgieron alborotadas, mil mairposas de oro".
-La Calavera del Loco, fragmento.
Fuente: Giphy.com
Mark Twain cruzó el Río Mississippi en sátiras queridas; Brahms, en sus amores forjó en el desdichado do menor, un recuerdo suyo de Beethoven, a modo de un fuego zardo e inspirador para la agotada Alemania y sus Reichs. Sir Arthur Conan Doyle puso a su detective predilecto a investigar un raro caso de un sabueso infernal en el terreno de los Baskerville, y en México, el porfiriato nunca abandonó el poder gracias a una indecisión política para que su espíritu de dolor se quedara inmerso en el manicomio feroz de la Castañeda.  

Creo que Juan Ramón Molina fue recibido en los brazos de la muerte quien, en bondad y afecto, obsequió una vista de mariposas doradas volar hacia el sueño de rebeliones, pasiones y melancolías de los hondureños.   


“A un periodista”

Siendo fundador del Diario El Cronista, Juan Ramón Molina pondría un cimiento que fungiría de faro para los medios de comunicación escrita en Honduras. Por su presentación, orden y estilo propio de una era marcada por la guerra y el espionaje, las ediciones de El Cronistas bien pueden ser ancestros de los diarios y/o periódicos hondureños que se desplazan a gran velocidad a la multimedialidad.

Juan Ramón Molina en el poema que lleva de nombre el mismo que el de esa sección, incita a los periodistas a desenmascarar las tretas que llevan a la traición y a la tiranía a través de la pluma para infundir el sentido de soberanía a todos cuantos lean de artículos, piezas de opinión, etc., para formar una opinión pública que pueda ser recta ante cualquier designio que planee el hombre en su pecado natural.

 

“¡Oh! Capitán, mi capitán”

Xilografía de Salutación a Poetas Brasileros.
Fuente: Poemario Tierras, Mares y Cielos.
 El aquí y allá de Juan Ramón Molina es un extracto del tiempo mismo que el creador otorga a quienes se baten en lucha perpetua contra los demonios de la consciencia, usando como instrumento, una pluma que traza figuras en cursiva las leguas que viajó por un atlántico salvaje y que retumba ante las costas de su patria, Honduras, que amó como todo capitán quiere a su navío.

De Juan Ramón Molina que se hable de que fue alguien que supo transformar toda la agonía reinante en un período de la historia marcado por el paso adelantado hacia las fronteras delimitadas por trincheras y fusiles de cerrojo, en joyas que esperan a ser desveladas por ojos trasnochadores como los que se quedan perplejos ante el estandarte de una academia que respira que la cultura se ha diversificado a niveles trascendentales que hasta parece cansado ver todo lo que hay para elegir tan poco.

Xilografía de Leviathán.
Fuente: Poemario Tierras Mares y Cielos.
La juventud hondureña actual debe maravillarse y aterrorizarse ante cualquier obra benigna o malevolente para entender el curso del mundo que, en otros momentos, hizo que los hombres se debatieran con sus sombras en misterios que llevan a mejores entendimientos. La comprensión de un proyecto cultural per se trata de tradiciones y costumbres que provienen de dos grandes abstracciones: la métrica poética (un componente de los versos del modernismo), y de la métrica musical (la noción del ruido).

De lo anterior aplicado a la actualidad, ambos componentes se aferran de la literatura, de ese enorme océano que el maestro Molina decía ver con singularidad y del cual proviene ese Leviatán enérgico en sus versos dedicados a la otredad. Hallar nuestras voces y escritos en el artificio es tedioso cuando uno es el que sabe que su barco compite en carrera naval con muchos otros acorazados que no vacilan un instante por querer alcanzar la cumbre tanto de la inmediatez como de la calidad.

El maestro Molina le seguirá ofreciendo a la juventud hondureña un rincón de donde poder ver el cielo, la tierra y el mar como un eslabón único, primordial, imperecedero que busca en las antiguas ruinas de Eleusis o Ítaca, la conjugación perfecta de lo que puede haber en Honduras si se opta por la concordia y la serenidad de una sociedad que busca en sus entrañas respuestas que clarifiquen lo que hoy se tiene. Pues él es un tipo de mezcla entre Ambrose Bierce y William Shakespeare.

La academia estará ahí junto con la biblioteca, inmóvil y pareja ante el tiempo que se presenta solo en la forma de los hombres que tratarán al libro en verso o en prosa, como lo que marque el devenir de sus realidades como el de sus ficciones. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno, siendo que en medio vaya la casa del versado hondureño cuyo retrato es culto de las eras y los símbolos de aquel corazón del continente que late en nostalgia por hallar el canto que seguirá en pie en ese diámetro de la memoria hasta eclipsar el propio sol. 

Xilografía de Metempsicósis.   Fuente: Poemario Tierras, Mares y Cielos. 

“Yo de la humanidad civilizada,

miré el día primero,

deslizarse tranquilo,

y he conocido,

 el báculo de Homero

 y la calva de Esquilo”.

- “El Águila”, fragmento.

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