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hombre hoy argumentó finalmente frente a un teatro extranjero, irguiéndose con
una voluntad que trae a la memoria la gloria de los filósofos griegos estoicos, alguien que dice latir por una nación y ésta late ciega a la mansedad
de los bueyes junto los actuales asnos reinantes, un nacionalista que trae
consigo la redención del cariato ante una opinión pública fragmentada. Ese
hombre llamado Juan fue condenado por narcotráfico lejos de la nación que
dirigió y degradó hasta dejarla herida y sin consuelo en medio de la discordia.
La nación entera habla sin cesar sobre la acción del juez Kevin Castel al dictaminar a las 11:00 a.m. la sentencia que impone 45 años de prisión más 5 de cautiverio domiciliario a Juan, que aparte, lo calló múltiples veces cuando el condenado intentaba arrastrar el hilo conductor de la historia a una serie de contextos en donde alude que nunca conoció a otros narcos, recibió fondos de El Chapo o incluso fuese elogiado por presidentes estadounidenses. Su canto de réplica fue en vano porque Castel le sugirió guardar su remordimiento cuando estuviese tras la celda.
Las cartas escritas por parte de las hijas de Juan al juez Castel crearon una reacción algo sentimental para su persona que tildó al hombre de ser una clase de actor que, para efectos de este artículo, es un parnaso circense fracasado que insultó al Estado hondureño y lo manipuló con osadía incomprensible para hacer que narcotraficantes se volvieran políticos y que los mismo políticos se hicieran narcos. La familia de Juan continúa clamando por misericordia a la corte donde cantan aquellos que tomaron por derecho legítimo comerciar con una falsa felicidad como lo es la droga en todos sus avatares.
Para más sentido de castigo y que el juez Castel aclara, es que a Juan no se le ha imputado ningún cargo relacionado con la corrupción, ya que eso le compete singular y exclusivamente al pueblo hondureño. Como si los hondureños tuvieramos cuerpos institucionales propios y funcionales capaces de arrasar sin dilación cualquier acto anti transparente, como si tuviéramos un organismo judicial pensante que apenas y logra sobrevivir al actual control asnoide o de cualquier otro flagelo que la daña, o incluso si lográramos que la sociedad dejase la taradez a perpetuidad como para enderezar esta selva que muchos toman como el único lugar que les queda.
Después de todo, el hemiciclo legislativo sigue en función normal, enrollando las páginas de la Carta Magna para inhalar cocaína en charolas de plata con dinero de los contribuyentes haciendo que apellidos como Mata Ballesteros, Valle Valle, Rivera Maradiaga, Lobo, Zelaya, Fernández, entre muchos otros sean figuren como los nuevos amos supremos del Congreso Nacional en vez de esas juntas directivas mal electas cada cierto tiempo.
Quienes quieran odiar, lamentar, reír, gritar, conspirar y un largo etc., que lo hagan, pero que el día de mañana no busquen culpables porque habrá un espejo que refleje al individuo por el cual los políticos, los medios de comunicación, el ejército y la evolutiva juventud se basan para ser lo que son. Tal cosa es la misma sociedad hondureña que ha pasado 200 años de historia demostrando que es incapaz de superarse consigo misma y hallar lo mejor de cada situación en todo lo que se suscite en lo que respecta a la civilización.