Novena cerca de la Cumbre
Artículo de Opinión escrito por: Pedro Pablo De Arca
A
lo lejos, escucho sonar campanadas en medio de una noche dominada por
vendavales que auguran la llegada de la Semana Mayor, en donde se rememora la
pasión y muerte de Jesucristo mediante recreaciones teatrales en barrios y
colonias para invocar la proclama de algunos santos en rescate de Honduras. Al
asomarme, descubro que las campanadas provienen del chapitel de una ermita
ubicada en la falda noroeste de un monte en donde las platas traídas de los
vendavales convergen para incentivar la alabanza a un albor menor pero igual de
importante para quienes adoran la cruz.
El
chapitel está iluminado por flamas benedictinas blancas que lanzan hacia estos
cielos nocturnos que recelan al Baco, dios antiguo que bendijo en secreto la
sangre del sumo redentor. La curiosidad me invadió. Me dirigí al templo ubicado
encima de una larga serie de escalones multicolores, no sin antes toparme con
una cruz con múltiples agujeros o perforaciones de bala. A mi sorpresa,
descubro al oír a unos feligreses platicar sobre el asesinato de un
distribuidor de heroína clandestino que se enfrentó a la justicia con sus propias manos en
las gradas multicolores y al pie del templo.
Tras
oír aquella conversación, me devuelvo a la habitación del hotel, iban a ser
casi las nueve en punto de la noche, no podía sacarme aquella imagen de la cruz
perforada de la mente. La certeza de que esto es un remedo de la faceta más
cruda y desconocida del viejo salvaje oeste norteamericano se fortalece a cada
segundo en que las crisis múltiples que atraviesa Honduras dejan relucir la falta de respeto al estatuto que el propio hondureño cree obedecer.
El
hecho de saber que todos se inclinan al hambre por el poder desconcierta hasta
los analistas más preparados e incisivos en sus disertaciones, ya que muy
pronto no encontrarán temas que tratar para postular nuevos puntos de vista
que inciten al paradigma político, económico, social, etc., considerando los más
recientes acontecimientos que provocan el ascenso de San Miguel Arcángel a las alturas desde tierras hondureñas. Aquel
que defendió la creación de su hermano ahora caído.
Los hombres de letras y
medios siguen fortaleciendo una opinión pública que no cree en la división de
su propio debate interno. "La culpa es de... ¿Qué más da?, al final no hay, ni habrá nada y eso es lo que mal justifican los ineptos" me dijo un buen economista que resultó ser punk y que se fue en contra de todo un sistema que oprime las posibilidades de prosperidad y ofrece la oportunidad a Honduras de morirse como nación que sigue sin entender los principios que conlleva la soberanía, la propia independencia.
Para
la media noche, un murmullo se fusiona con el vendaval para volar hasta mi
ventana que abro con señales claras de insomnio. Ser vendedor de discos de
vinilo en medio de una guerra comercial arancelaria llevada a cabo por dos
grandes potencias mundiales no es nada fácil. Dicho murmullo provenía del
templo encima de la colina, de una cumbre de feligreses de la posible arquidiócesis a su santo
patrono en víspera de su aniversario; un tal San Carlos, patrono de las rosas
celestiales a los pies de María Auxiliadora.
Escuchando
el murmullo general de la respuesta a los salmos, decidí salir de nuevo del
hotel rumbo al templo. Ignoro la cruz balaceada y subo los escalones hasta
llegar al templo para sentarme en los asientos de atrás y escuchar la homilía
del padre Amador. No escribiré sobre todo lo que dijo, pero en venidas cuentas,
es un relato con moraleja del precario estado en que nos encontramos como país
mientras el señor es hecho a un lado por dioses falsos tras monitores e
inteligencias artificiales al son de retar a Dios y a la ética. Nada que no
haya escuchado antes.
Con
solo oír eso, me levanté y salí del templo para bajar aquellas gradas preguntándome
qué hay al final del arcoíris si no es un caldero lleno de oro de un duende
escrito por Jorge Montenegro y caricaturizado políticamente por Darío Banegas o
un hawaiano progresista renegón que toca un ukelele. Mientras bajo las gradas,
un miembro de la arquidiócesis me da un panfleto e invitación al próximo
novenario de misas nocturnas en honor a San Carlos en esta cumbre o colina de las varias que hay en la capital.
Lo
tomé y lo llevé conmigo hasta el hotel dejando atrás el templo, las gradas
multicolores y la cruz balaceada. El novenario será una semana antes de Semana
Santa. Mi corazón y mi mente no están preparados como para acudir a una serie
de misas que esconden discursos con cargas políticas disfrazados de moralejas
divinas dichas por San Carlos. No estoy a favor ni en contra de eso, sin
embargo, ya creo saber qué temas políticos hablará el padre Amador a través de
sus homilías en cada misa del novenario.
Cada
vez que salgo del hotel y ando por Tegucigalpa a pie como dice la canción de
Víctor Donaire, me fijo en una serie de afiches con las banderas de México,
Guatemala, Colombia, Cuba, etc., que dicen la palabra bienvenidos escritas en
español y francés. No le di importancia. Yendo por otro bulevar, me topo con
unas lonas rojas y blancas colgadas de un lado para otro con mensajes que
identifiqué rápidamente que fueron escritos por alguien que supone que el
español, el catracho, el caliche y el penco son lo mismo.
"Vení
veni 2 a las tierras de morasan" alcancé a leer. Del otro lado de la
acera, leí mensajes bien escritos a modo de respuesta a las lonas colgadas
encima de señales de tránsito. No he revisado las secciones de sucesos de los
diarios que compro, pero estoy seguro de que ocurrieron más de tres choques en
ese bulevar.
Efectivos
militares y policiacos acordonaban cuadras enteras de calle que llevan hacia
dos bancos: el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el Banco
Central de Honduras (BCH) en su nuevo edificio. Veo pasar carros y trocas
negras blindadas dirigirse a estos lugares. Por un momento pensé que esos
preparativos de seguridad eran para proteger una nueva ceremonia política en
donde se pone una alfombra roja que dirige directamente a las arcas de estos
bancos para que cualquier funcionario público pueda extraer dinero sin que
nadie les reclame. Nada que ver.
Resulta
que la seguridad patrullaba varias zonas debido a la llegada de presidentes, primeros
ministros, cancilleres y cuerpos diplomáticos representantes de los países que
conformaban la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) a modo
de cumbre o reunión para abordar y discutir temas de interés regional
encabezados por Honduras. Como si el oficialismo actual supiese lo que es el
término abordar o discutir.
Están
invitados a este evento, autócratas que creen en la democracia. ¿Pueden creer
esto? Hombres y mujeres que castigan con muerte y suplicios directos hablando
de creer en la voluntad de sus pueblos. Pues eso es lo que invitó Honduras, como
si ya no hubiese suficientes crisis en este país como para ver cómo es que la
calaña de América Latina se pavonea en la ruinosa Casa Presidencial y en la
sucursal del BCH que alardea de crecimiento económico con una canasta básica
desmedida para los ingresos del consumidor hondureño habitual.
Estoy
seguro que saldrá algún economista errado de esa casita a decir que todo está
bien y que los huevos dependen de qué calidad es la gallina barata que los
pone. Según un hijo de Morazán, esas gallinas salen guaya como cada proyecto
impulsado por incapaces en todo el sentido de la palabra. En definitiva, los números no son para quienes crean en mitos urbanos con sus buenas dosis de componentes ideológicos para satisfacer los vanos placeres mentales de quienes flagelan la institucionalidad con falsas esperanzas de la venida mesiánica de un político que extirpe la corrupción de raíz.
Por
lo que me contó un conocido de un conocido que trabajó con el grupo especial de
la Cancillería de Honduras, los temas que se hablaron en el magno evento, apenas fueron
tratados. Todos acordaron tomar asuntos como la migración, la seguridad tanto
nacional como regional, el crecimiento económico entre otros temas de manera
seria a través del tan pronunciado término geopolítico de moda llamado
humanismo, no obstante, estos temas fueron hechos a un lado para tratar la creación de un nuevo bloque que países capaces de replicar en
menor grado el potencial de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
(URSS) en Latinoamérica en pleno siglo XXI.
El
conocido me brindo un informe o resumen secreto de los puntos más importantes
que se tocaron de política regional, a lo que me pasé horas leyendo y
desentrañando aquella marejada de textos acerca de un plan tan minuciosamente
calculado que le llevó años e inclusive décadas a varios personajes de la
política hondureña y latinoamericana tramar bajo las narices del mejor país del
mundo. Esto es lo que se obtiene cuando el hondureño selecciona ignorantes a que supuestamente les gobierne como castigo a otros partidos políticos de turno sin nunca aprender la lección.
Al
final entendí que el humanismo es un concepto tan mal interpretado por hombres insulsos para fomentar un mentira que trastorna a otros hombres que se
mantienen al margen de las causas cruciales de la civilización, me refiero a
personas que consideran que sus vidas están muy por encima que las de cualquier
otro en una super sanidad de la que psicólogos, psiquiatras y neurólogos
especulan al respecto. Una vertiente de un tipo soez de demencia que queda al pendiente para los médicos que siguen sin recibir sus salarios. ¿Será cinismo?
Puede
que no se trate de cinismo, sino de una interpretación de la realidad de una
manera que escapa a lo subjetivo. No es esquizofrenia ni histeria o un episodio
crónico de locura. Es como llenar de ideas bizarras una conciencia alterada y
alejada de la realidad para fragmentarla y encaminarla a creer en lo que nace
de los rincones más insondables y oscuros de la voluntad política. Una programación
humana que exhibe el poder de un modo complejo y capaz de cegar el albedrío y
la libertad como su sana derivación. El humanismo no estuvo presente en ese
evento de la CELAC en Tegucigalpa.
Recién
me entero de que todos los países de la CELAC debían firmar un papel que otorga
la presidencia pro tempore de la comunidad a Colombia, no obstante, Argentina y
Paraguay no estuvieron de acuerdo y trataron de seguir deliberando sobre todo
lo expuesto en el nuevo acuerdo. Nadie los escuchó porque fueron ignorados de una
manera osada, tosca, repulsa y descarada. De hoy en adelante, la parca afilará su hoz para arremeter contra el alma del ignorante que se vistió de negro, puesto que solo ella y su séquito de adoradores pueden vestirse de la nocheosfera.
Más
tarde, veo imágenes por redes sociales de la presidente de los hondureños
siendo tratada como lo que es, una sirvienta que tanto pregona la defensa
suprema de todas las clases inferiores de la sociedad y solo sirve para decorar
el hogar de su marido, un falso cacique comanche redomado que codicia la
venganza contra quienes lo enviaron al exilio por tratar de instaurar un
régimen de odio a su imagen y semejanza. Según este conocido de conocidos, la
reunión no dejó nada fructífero para los latinos como para los hondureños en sí,
excepto más deuda para estos últimos tras gastos valorados en millones de
lempiras.
Ver
y escuchar como ese falso cacique comanche le decía a su sirvienta que
"hay suficiente consenso" mientras ignoraba a las delegaciones de
Argentina y Paraguay, es atestiguar el lado más visceral del cinismo convertido
en remedo de poca persona que convive entre bestias autócratas, negadores del narco holocausto en Rancho Izaguirre,
abusadores, corruptos y demás fieras que condicionan a América Latina en
ser una región fallida. Honduras
ya es un Estado fallido y el propio hondureño se alista para revertir esa
condición en urnas que remarcan una impotencia, una justa ira silenciosa.
La reciente reunión de la CELAC pedía la consideración de Venezuela como una democracia. Con esto, es más que claro que el oficialismo actual hondureño cree que María Corina Machado es quien coordina los escuadrones que secuestran disidentes opuestos a su régimen para llevarlos al temido centro de torturas del Helicoide, cuando en sí, es Nicolás Maduro quien hace todo lo antes expuesto. La región del Mocorón debe resistir antes de que la simia y su pastor aguacatero deformen la Mosquitia, pulmón tropical de Honduras.
Para esa
espera, el falso cacique comanche ya habrá instaurado su tan deseado régimen y
eliminado todo obstáculo incluyendo esa oposición que hoy se enmudeció cuando
una diputada colorada se levantó para protestar de frente ante un Pino terebeco
y torcido al callar crímenes electorales como el del fiasco logístico del Consejo Nacional Electoral (CNE) del 9 de marzo. Por cada chabacanada que pase en cualquier rama de la institucionalidad hondureña, miles de hondureños perecen a donde suelen morir las mulas mas no los asnos.
A
la mañana siguiente, cuando pasaba lista de los clientes que compran de mis
discos de vinilo en el bistró del hotel, escucho sin querer queriendo la
conversación entre un par de huéspedes: una joven hermosa y de melena rubia de
voz suave y tono propio del Peloponeso y un señor fortachón de bigote y porte
germano que daba la impresión de ser Carlos Hartling y que veía su reloj de
cadena tan grande como una cebolla robada de Aduanas al son de compartir una taza de café con
ella y de revisar su celular.
Ambos
discutían sobre la coincidencia de que tras dos días de lluvia sobre la capital
en la que ocurría la cumbre de la CELAC, al tercer día el cielo lucía
brillante y despejado tras el culmen de un evento que no dejó nada realmente
gratificante para la hondureñidad o la comunidad latina en general. Tomé
aquello como un hecho de gran peso simbólico para este escrito mientras me
preparaba para salir. Ahí comprendí que el pulso nocturno del teclado de una
laptop es la medicina de quien no soporta loqueras diurnas y más si vienen de la política.
Pensando
en cuanto a la invitación al novenario de misas por el aniversario de San
Carlos de las Rosas Celestiales, entiendo que el miedo en el corazón del
hondureño es latente más que nunca. Tal órgano es un hervidero de emociones que
fundan naciones basadas en el conformismo y la desidia. Ahora conozco de un
peñasco, una cumbre en la que el hondureño puede acudir a rezar 100 mil novenas
de ser posible con tal que acabe este suplicio luego de haber sacrificado un toro azul en las hogueras del olvido y el juicio de la historia.
De
recomendar o sugerir a quien llegue a leer esta pieza de ir a rezar una novena entera en la cumbre de San Carlos, no estoy en
condiciones de ello, ya que prefiero alejarme de mis cuentas pendientes con el Creador y entender los misterios mayores de su obra de manera independiente. De lo que sí estoy seguro, es que en estos tiempos absurdos cualquier mecanismo de
inhibición o sátira crónica argumentada de la realidad política hondureña y sus ideales, es
aceptable y necesaria.