Tan rojo como el cielo azul sin estrellas
Por cada día que pasa del mes de octubre, la incertidumbre se dilata en el país de las barras y las estrellas como la pupila cuando capta aquello que cambia de formas concebidas para dejar una sola imagen que incita a la reacción sin importar su consecuencia. Estados Unidos yace inmersa en un oprobio con graves problemas sistémicos que son el tema fundamental para que en el mes del Halloween se creen relatos de terror u horror sobre la situación actual de economía, sociedad, historia, etc., sin embargo, la política es el confite indispensable por el cual Donald Trump y Kamala Harris se disputarán como si fuesen niños disfrazados del maestro Yoda o de la Harley Quinn encima de la tarima del mundo.
En la segunda mitad del año 2024, Estados Unidos y el mundo han presenciado tres debates: dos presidenciales y uno vicepresidencial, de los cuales, la opinión pública ya elaboró sus conclusiones sobre el proceder de ambas figuras en la trama política por excelencia. Éstas dejan ver el continuismo, la aseveración de los planes de un aislacionismo republicano y de un globalismo demócrata que generan un rechazo a lo largo y ancho de un país que murmulla desvariando entre la bravura y la mansedad del deseo de una segunda guerra civil; como si Gettysburg siguiese latente después de un siglo y medio. Para adherir más condimentos al panorama, Donald Trump ha sufrido dos intentos de magnicidio que solo acrecientan la discordia generalizada.
Mientras Trump propugna el cierre absoluto de las fronteras con el despliegue de todas la fuerzas conjuntas y/o derivadas de la Guardia Nacional estadounidense, así como la creación de campos o centros de reclusión migrantes; Kamala Harris incentiva reformas contra el aborto y programas de cuidado social integral inclusivo impulsadas por mecanismos económicos dudosos basados en aumentos de impuestos mal planteados, tales propuestas distan de las resoluciones del congreso y del cualquier otro estado con clausulas restrictivas en base a todo lo que resulte distinto del orden con que se lleven a cabo las cosas.
La forma en cómo Estados Unidos ha llegado a esto es una compleja fórmula de sumas y multiplicaciones enraizadas sin respuesta que abren poco a poco una maraña de contextos y significados controlados por el tan referenciado Deep State o cúpula moldeadora estadounidense, evasora de los peligros alrededor del dólar como pilar de las garantías de un rubro monetario del cual el mundo todavía depende. Los contribuyentes cada vez se vuelven obcecados al seguir donando por hombres y mujeres con causas que no representan a nadie por más fieles y comprometidos se crean con sus votantes a los que miran por sobre los hombros. Al final de cuentas ¿quién gobierna Estados Unidos cuando Biden no sabe en dónde está?
Cuando se intenta mitigar la retórica cuasi violenta de los candidatos en sus discursos gracias a los portales de verificación de información realmente comprometidos, es cuando los candidatos elevan demasiado la apuesta por una claridad que contrasta demasiado con lo que cada uno de ellos haya logrado en los años en que sirvieron al país, creando de paso, una confusión que se nota al momento que fracasa la deliberación de las propuestas. Si tan solo los moderadores del debate pasado de Trump-Harris lo hubiesen entendido en vez de dejarse manipular y arremeter contra el oponente sin sustentos bien verificados.
Varias generaciones de ciudadanos estadounidenses han crecido acompañados de una gama de discursos y actos políticos violentos que solo buscan la legitimización de un solo bando (corriente ideológica o partido en sí) para instaurar un orden absoluto de las cosas, dando así, una muestra del sentido de imposición o de conquista contra lo considerado inferior, orientado a seguir cometiendo errores y permisividades sin justificación aparente sin importar el tema o circunstancia. Este orgullo indomable, es lo que produce la radicalización de la opinión pública hacia el bando que más le conmueva e hinche de orgullo al individuo cuya concepción vela por cuál extremo político rendirle tributo exagerado. Es de aquí, de donde salen los lobos solitarios (personas normales sin antecedentes penales dispuestos a causar conmoción con lo mínimo), los autores de magnicidios y otros crímenes.
Hay palabras y conceptos que se manifiestan en un subtexto que solo los más allegados al análisis deductivo pueden percatarse cuando los candidatos políticos o cualquier otro personaje relacionado con el poder hacen cuando se refieren al amparo del derecho constitucional de la violencia. Dicho derecho apócrifo, refiere al desate meritorio y propio de un sistema de reglas basadas no en el marco de la ley, sino en la conocida faceta oscura detrás de la a veces volátil cultura estadounidense. El demérito de tal señalamiento se logra cuando por fin el lector identifica la amplia gama de símbolos combinados ubicados en lo imperceptible del argumento del o los candidatos políticos al momento de conferir sus propuestas y en la constate artillería publicitaria o propagandística multimedial.
Para no perdernos o desenfocarnos, Donald Trump y Kamala Harris saben de antemano que la radicalización de la opinión pública y de las decisiones o actos de los contribuyentes en Estados Unidos, es la clave para crear avanzadas psicosociales en la próxima contienda electoral. Ni el mismo actual presidente y excandidato demócrata, Joe Biden, cree que la paz en las elecciones será garantizada. El efecto detrás de la agenda setting de la mass media estadounidense la controla los demócratas, el efecto detrás de la cuestión socioeconómica, yace bajo los republicanos. He aquí un punto que muchos ignoran del dilema actual y que repercute produciendo un eco que hace temblar a la ya de por sí débil conciencia colectiva hondureña.
Cambiando de temas socio políticos a geopolíticos estadounidenses, se destaca el sumo apoyo de Donald Trump a la causa israelí y su búsqueda de retomar los Acuerdos de Abraham entre la democracia de oriente con Arabia Saudita para hacerse con el petróleo del príncipe árabe Mohammed bin Salman que se orilla más con Irán que con occidente. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha encaminado a la fecha de escrito esta enorme columna de Babel, una incursión al sur del Líbano para erradicar al grupo terrorista y financista del deshuesado grupo Hamas, Hezbollah. Por su parte, Kamala Harris se mantiene algo al margen del conflicto en Medio Oriente, debido a las colosales falencias de disuasión iguales en tamaño con el Gran Cañón de Colorado en procesos de negociaciones clandestinas con países como la ya citada Irán o Rusia. Netanyahu está socando por las elecciones.
En cuanto a Ucrania, Kamala hinchará de fondos la causa en el Donbass por medio del banco de inversión multinacional, Black Rock (el lugar donde el tirador del primer atentado contra Trump hizo una pasantía). Para el caso de Trump, éste hace de la vista gorda lo que sucede en regiones ucranianas como Zaporiyia y decidirá, según él: “ponerle fin a la guerra por una relación cercana de respeto que tiene con el presidente ruso, Vladimir Putin”. A estas alturas, el presidente ucraniano Volodimir Zelensky, está socando por las elecciones.
Dejando a América Latina como el patio de recreo de los estadounidenses, la Agencia de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID), también está socando por ver quién se queda en el Salón Oval para seguir procurando que no salgan más caravanas de inmigrantes rumbo a Ciudad Juárez en México y El Paso en Texas, creando las suficientes fuentes de empleo que mantienen al núcleo latino ocupado. Las alianzas en la lucha contra el narco tráfico también son importantes, si es que los gobernantes latinoamericanos no entregan a los miembros de sus familiones como es el caso de los clanes Hernández y Zelaya en Honduras.
Volviendo a los temas de política interna en Estados Unidos, el destino de la elecciones yacerá en los denominado “swing states” o estados clave, donde la decisión del triunfo del partido político por un estado determinado la decidirán un pleno de magísteres conocedores en leyes políticas que lo arbitrarán. En base a este conocimiento y según los expertos en la materia, los estados de Pennsylvania (lugar donde casi matan a Trump), Michigan (feudo de los Obama), Wisconsin, Ohio (blanco republicano), Illinois, Arizona, Nevada, Carolina del Norte y Georgia, serán los estados que lleven la batuta estadística de la tendencia vista en los confusos porcentajes de 50% y el 47% que la mass media estadounidense desestima dependiendo su orientación política.
Los valores que ambos candidatos dicen implementar en todo momento durante este mes de octubre que queda de campaña política y efervescente proselitismo, demuestran que ambos no tienen la más remota idea de por dónde llevar a una Estados Unidos que no deja de bailar en la decadencia silenciosa al igual que el resto de las naciones. Por querer conocer las exoticidades de oriente, occidente deja su virtud y se entrega a la tartárica ignorancia alegando que vivirá por siempre en la llanura tan roja como el cielo azul y sin estrellas de una bandera supuesta y temporalmente vacía en la vertiente del tiempo. Esto perpetua.