EL
BESO DE UNA ESFINGE VENAL
Columna escrita por: S. M. Valerio
Terror bajo los caminos del
tiempo y sus atajos, pusilánimes aquellos que se detienen a gritar
incoherencias sobre lo que sus ojos no pueden ver, creyendo así que todos les
prestan atención. Lo único que sale de sus bocas son promesas que terminarán de
ser las palabras que adornan los más rígidos titulares de los diarios que
sirven de guardianes para la sociedad que lucha por respirar en las sombras de
sarcófagos, que, por la tortura, dotan un poco más de vitalidad. En estos
momentos inundados de fatalidad y perdición, el acertijo de una criatura que
viene de tierras lejanas y que se enamoro del traidor más grande de la
traición, quiere gozar del aire reducido a un elemento corrompido por una
esencia desconocida.
Nunca hable o hablare en
contra del sexo opuesto, pero me resulta indecente que una dama que salió de su
condena por nexos íntimos de corrupción, ahora este gozando de una agria
libertad, cuando hace unos ocho años atrás, muchos hondureños sufrieron por el
descarado robo y usurpación de fondos del IHSS. Me resulta aún más inmoral saber
que esta dama alguna vez desfiló por el estadio nacional Tiburcio Carías Andino
en el día de independencia, portando los colores de la patria que ultrajó al
lado de un amante que portaba ojos de alimaña frenética. Entre ambos y el resto
de los vinculados con el caso del saqueo, reside la respuesta del porque el
pueblo clama por un buen sistema de salud.
Ilsa Vanessa Molina,
personifica a una esfinge, que desgarró con hambre millones de esperanzas con
el fin de entregarse al juego que su amante llevaba entre secretos. Sus viajes
por el mundo culminaron en Honduras, con unas esposas que molestaba sus manos,
que, ya desmitificadas, se volvieron de fin al cabo humanas que no regresaran a
tocar ni un lempira más, porque su imagen de ex palillona y de raptora de las
arcas del Estado, duermen bajo los escombros de una reputación que le
perseguirá, incluso en sus sueños.
Al igual que la ex palillona,
el resto de los involucrados se les esta dejando libres. La ciudadanía culpa a
la mala administración de justicia de la Corte Suprema de Justicia, que en
medio de insonoridades; ha dejado escapar casos de corrupción, que hasta los
más míseros emperadores romanos de la antigüedad tacharían de libidinosas estas
erróneas imposiciones de justicia. Podrán existir instituciones que fallen en
su deber de buscar el bienestar de la población, sin embargo, hay veces en la
que la propia vida, clama por revanchas en instantes impredecibles.
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