viernes, 26 de noviembre de 2021

EDITORIAL-LO QUE HONDURAS SE MERECE

 

EDITORIAL-LO QUE HONDURAS SE MERECE

Esa es una frase capaz de desencadenar una larga lista que viene y va, dejando más dudas que respuestas a lo que debería de ser propiedad de la hondureñidad. Todos buscan y no son aptos de encontrar, pues han buscado mal en un territorio cuyo nombre hace referencia a las profundidades, que, dentro de poco, se verá puesta a prueba por sus habitantes que se yerguen en un proceso electoral demasiado polarizado. Todos hablan de los futuros que cada candidato a diputado, alcalde y presidente propone; no obstante, casi nadie ve lo que no hicieron durante su labor como entes del Estado o se llevaron consigo.

Incitan por medio de campañas propagandísticas a la división, al odio acérrimo camuflado con mensajes supuestamente “positivos”, a la protesta “pacífica”, al goce de una victoria adelantada injustificada en compañía de un largo etcétera. Drenan entre palabras las esperanzas ajenas, y una vez culminado el proceso, regresan a ser esa clase política que esparce lo que vuelve al círculo de las bajezas, algo plenamente natural en el país, la escasez de oportunidades en todos los pilares que componen a la república.

El círculo de las bajezas late cuando la oposición habla de la instauración del chavismo y la entrada al Foro de Sao Paulo, la llaga azul incurable se abre cuando los oficialistas claman por una democracia que ellos arrastraron con algunos de los hechos corruptos más frívolos que siguen impunes; mientras que la mancillada estirpe política de los mártires desfasados, argumentan que permanecerán en el centro del conflicto, cuando en décadas pasadas, las palabras de un orador innato levantaron la postura del partido político, hoy liderado por un exconvicto de la justicia norteamericana.

Ellos como muchos otros creen tener la máxima solución para que el país prospere, sin embargo, tienen la solución para que se corrompa más. Creen que merecen el podio donde reside el poder, en cambio, ese lugar se lo merecen los buenos hombres y mujeres con alto sentido ético y moral que recuerden, respeten y honren haciendo uso de valores, la sabiduría de las eras, la voluntad, y el más elevado sentido patrio, porque esos son las personas que Honduras se merece y necesita. En las manos de los justos y honestos, reside el valor de esa república. Esas personas peligran en desaparecer, al igual que los actos de Francisco Morazán al buscar la soberanía de las naciones de Centroamérica.

Ningún candidato (a) político (a) se merece nada, porque al final el cambio esperado, se acerca con un tono que evoca a la debilidad de los justos y honestos, para que lo inhumano e impropio de la civilización sobresalga. La clase política del país en general debe apuntar el dedo hacia adelante, nunca hacia el prójimo, sin importar las características que posea. La población entera debe cuestionarse si ha vivido la vida con dignidad, si ha demostrado que no se ha arrodillado ante nadie, si cada habitante ha sido uno mismo sin imponer reglas lastimando a los más cercanos.

Lo que Honduras merece, reside en las manos de una población que debe más que nada romper con los círculos demagogos y oligárquicos para entablar una conexión amena con su cultura que anhela con su restauración para generar oportunidades a través de la correcta práctica humana en algo que trasciende de múltiples maneras como lo es el tiempo.


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