Realidades, Dualidades y Vitrales
Artículo de Opinión escrito por: Pablo D. Moncada
Como
aspirante a escritor, captar realidades y plasmarlas en contextos diversos,
debería ser una habilidad principal como también un sexto sentido aparte de los
primeros cinco, pero ¿Qué nuevas concepciones puedo sacar de una realidad que
gira entorno de la inexacta diferencia que forma generaciones tras generaciones
que heredan sus mismos ademanes carentes de sentido? Criticar a una sociedad,
no es sencillo, como lo es señalar sus virtudes y deficiencias que son móviles
para la proposición de direcciones desiguales y que contrastan hasta el punto
de generar una bruta imposición de un ideal, que ahorca lo que realmente define
a hombres y mujeres por igual, un dualismo frenético individual en busca de un
propósito.
Esa
manifestación con sentido es consumida por una serie de eventos, códigos y
juicios invisibles que tergiversan lo que se conoce con colores que ebullen una
esperanza que se quebranta al elegir qué lado de la dualidad, el individuo se
encuentra, y que tan firme es en cuanto a sus convicciones. El orientarse a un
concepto de alguna ciencia social o científica no es necesaria, para definir lo
que un territorio y/o continente puede llevar a sus espaldas; como para otros
países, ese concepto sería un desperdicio de palabras y tinta.
En numerosos
círculos de personas, se habla de una crisis cercana a una burla para el
apocalipsis que se desencadenarán para los comicios del 28 de noviembre de 2021,
a causa de las hambrunas de poder que todos en la tierra bicolor tienen, sin
embargo, hablan unos a otros en secreto de los perfiles que poseen, lo que no
vale la pena, ya que a ciertos comunicadores les ha costado describir la hondonada
abismal y desconcertante en la que es más seguro tener una bala que un lápiz.
Es un
hábito más que una coincidencia tener que caminar por aceras y veredas, y
contemplar las marcas de sangre que dejó un hecho violento o tener la mala
suerte de ser cruel testigo de la desintegración debido a una vasta cantidad de
razones que circundan las condiciones existenciales humanas. Juzgar las décadas
que fueron, son y serán; no servirá de nada, puesto que, en el caso de la
patria bicolor, el brote que dará el cambio definitivo está siendo devorado por
las fauces del olvido y arrancado de raíz por la insensibilidad que delimita
con la intranquilidad que se ha vuelto hereditaria. Intolerancia tras
intolerancia e injusticia tras injusticia.
Las épocas
en donde lo blanco era el sinónimo del triunfo de la equidad, ahora representa
una cruz adolorida, que espasmo por espasmo, atesora todas esas lágrimas derramadas
y las guarda en lo etéreo de su corazón de mármol agrietado para que nada, ni
nadie les haga daño.
Poder,
palabra cuyas aplicaciones son contundentes y de una amplía contextualización
distópica, es la que subyace en el anhelo ardiente de todos, y que no es
difícil apreciar su indomable naturaleza por la ceguera que causa su distribución
hasta en la mentalidad más débil. Estructuras fantasmas, personas que dan
prueba de las conspiraciones más camaleónicas entre otras organizaciones
desprovistas de ética, son las que buscan servir, proteger y velar por sus
propios beneficios y los de mortales que dejan la sangre escurrirse por esas
aceras y veredas, para luego levantar sus rostros, con una piedad que peca de
una inverosimilitud creíble para una población que mira las falsas voluntades
de esos personajes; su confianza, para después arremeter contra todo aquello en
lo que creyeron.
Una
década más sin lecciones aprendidas, sin reflexiones, con una moral que
pareciera prestada de las ferias andantes de antaño. Adjudicando todo el malestar
del territorio a algo más que a lo que está presente frente a quien ve el
espejo quebrado por la desidia. Tanto dolor y pánico que inundan los vitrales
del alma que quieren alejar el inmenso dilema de naturaleza críptica y compleja
para no dejar que fluyan cascadas en rostros ajenos al despertar en las morgues
blancas.
Vitrales
que se rompen y dejan restos punzantes que hieren de sobremanera, los recuerdos
de quienes han partido o reposan en salas donde la nueva plaga del siglo XXI se
funde con las prendas y las pieles de los que soportan este invisible martirio.
Todos estos ejemplos de realidades pasadas, presentes y futuras son las que un
aspirante a escritor, se le hace complejo meditar y adaptar lo que la mente, el
pulso y el bolígrafo quieren del entorno que se cierne en medio de la volatilidad
y la delicadeza de la que el mundo solo se queda atónito.
Adentrarse
en estas realidades y vislumbrar demasiado esa penuria propia de las áreas
desprovistas de luces autóctonas de una intranquila urbanidad, suele mostrar
interrogantes y soluciones que quedan al son de las razones incoloras de los
temporales engranajes que rotan las posiciones de la población y su sociedad.
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