LOS COLORES
PULSANTES
Artículo
de Opinión escrito por: Pablo D. Moncada
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| Proceso electoral llevado a cabo en la Escuela República de Panamá. Fuente: Roberto Moncada |
Todos queremos ese sustento de
dominancia, el querer alterar aquello que nos incita a desatarnos en esta nueva
era donde la voz es un arma que perfora hasta la coraza más feroz, además de
ser el encargado de dictaminar la ley del reino de los hombres, su impacto rompe
la brecha común y se encarna en la búsqueda de un argumento que levanta las fronteras
inútiles de la soberbia y la desquiciante necesidad de tomar la moral y sus
nociones como rehenes de la irracionalidad para oficializar la idea que
tengamos, esto se le denomina poder; que en Honduras, su concepto es tomado
como la fuente de innumerables tragedias que no le llegan a los talones de las
que en otros tiempos eran las vivas representaciones de las mitades luminosas y
oscuras del hombre.
Presenciamos caídas y ascensos
de personajes propios y ajenos, que se olvidaron de sus pasados para
convertirse en imágenes lúcidas de todo lo que existe en el sentido de las
voluntades que no han sido dañados por los regímenes políticos y por la falta
del conocimiento ético verdadero.
En una época donde la
democracia es vista como la dadora de un libertinaje propio de personas que
creen saber de todo lo concerniente al carácter que ha sido tratado en
múltiples estudios y teorías, lo cierto es, que la política es nuestra
percepción única que impera como nunca lo había hecho en una sociedad donde nos
separamos y dejamos todo a merced de un elemento rapaz y como es la
inestabilidad de las piezas, que se suponen deberían complementarnos en su
totalidad.
Al igual que ese color aberrante
que cayó del cielo y que marginalizó desde una familia hasta un estado
completo, que fue descrito por el escritor inglés de terror cósmico, H.P. Lovecraft.
Honduras se encuentra bajo el yugo de colores que nos llaman a la degradación lenta,
cautelosa y desconocida que nos confunde con sus simbolismos inauditos y de
palabras decoradas con retóricas camufladas por crisoles argumentales contradictorios.
Todos queremos correr hasta extraviarnos por completo, para llegar a hallar la
identidad que tanto nos corresponde.

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