martes, 10 de noviembre de 2020

Artículo de Opinión-UN CORAZÓN DE ZAFIRO

 

UN CORAZÓN DE ZAFIRO

Artículo de Opinión escrito por: Pablo Moncada

Escucho la brisa que lentamente se transforma en tormenta, y ésta, en la pesadilla que aún no para de callarse desde que se marchó hace mucho. Finge ser como una madre que golpea sin temor a sus hijos, que tratan de esconderse, entre paredes, pero son encontrados y azotados sin piedad. No aprenden la lección ni una, ni dos veces; sin embargo, en ellos reside una fuerza que los lleva a ser un poco más fuertes y avanzar entre promesas y deseos que se mantienen a luz de candelas o bombillos titilantes.

Nadie es capaz de volver a esos ríos, quebradas, riachuelos o lugares en los que alguna vez había agua, porque saben bien, el peligro que representan. Abrieron sus ojos, caminando en el agua, llevando sus pertenencias en sus manos o espaldas, unos pidiendo auxilio sobre sus casas. Cerraron sus ojos, mientras escuchaban el aire rugir como miles de leones en unísono contra sus casas, que sucumbieron ante el fenómeno natural denominado Tormenta Tropical ETA.

Los días pasan, y la pesadilla deja un flagelo que aterroriza a todos quienes osen pasear bajo el horizonte turbulento. Este flagelo, arrebató todo lo que muchos lograron de diferentes maneras, dejándolos solos, algunos vuelven para sacar tan siquiera algo del barro, lo que encuentran son nada más que ramas, piedras y uno que otro cuerpo sin vida. Los teléfonos se vuelven cámaras de la más alta calidad cinematográfica, al mostrar realidades que emocionan o indignan a una población atrapada en un suplicio en tiempos desconocidos.

Los charcos son las cicatrices que deja una tormenta, mientras el sol nos dice que no hay nada en el horizonte y comete una casualidad, que en lo personal adoro, y es cuando el sol y las nubes, se juntan, para mostrar una dualidad natural que aún prevalece, enseñando las sombras por las que todos pasamos de largo sin ver el astro pasar y esconderse entre las cornisas, ventanas, balcones, pórticos, etc. En el momento en que lloramos para que nuestras lágrimas se pierdan en la lluvia que se tiñe del oro de un sol que no arde y se pierde dejándonos ante su hermana invisible que derrama vino en el cielo durante la tormenta.

Son 75 mil millones de lempiras lo que cuesta el reparo de la tormenta, y sin embargo, hay seres que no son mencionados por nadie, dejando a merced a sus futuros colegas y amigos, cuando después de cuatro años se sometan al dichoso e intolerante sufragio, que apenas será un presagio del nivel de irracionalidad y avaricia que puede causar el poder.

Hombres que defienden la tierra, el mar, el cielo y los bosques en llamas, aunque no posean alas para cantar al creador, tienen esa llamarada de valentía que posee el general de las alturas, para salvar a los perdidos de las olas de la desesperación y la tragedia.

Ellos como al igual que sus semejantes que se quedaron sin hogar y quienes entregan lo que no ocupan para sus hermanos de espíritu, tienen esa dicha de poseer un corazón forjado de las llamas de la humanidad que nos acobija ante el frío y resplandece como un zafiro de un color azul tan singular, que nos recuerda que, en nuestras venas, recorre un tipo de sangre que nace de las cenizas y la espuma.

Podremos no aprender la lección, quedarnos aquí y esperar mejores probabilidades; pero la verdad, es que es difícil ver nuestro entorno sumido en la natural incertidumbre, que cuyo custodio es la pregunta: ¿Qué vamos a hacer ahora?

No sé si seguir escribiendo este artículo, mientras empiezo a escuchar los inicios de la lluvia imaginándome ese corazón azul formado de aristas, que brota entre las penurias del dolor ajeno. Al menos, puedo pensar en ello y no en lo que vendrá de repente.


1 comentario:

  1. Excelentes párrafos arcanos que describen un tragedia humana que se repite cada 20 aňos. Nuestro peiblo está condenado.

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