domingo, 9 de mayo de 2021

CRÓNICA: UNA COMPOSICIÓN BOHEMIA DEL 1 Y EL 9 DE MAYO

 

Una composición bohemia del 1 y el 9 de mayo

Como el eco de una causa que lleva décadas clamando por una justicia equitativa para todos, los nombres de quienes mantienes latente ese ímpetu por preservarlo, no se denigrará por las hileras de la marginalidad y el olvido histórico con que otros suelen tildarlos.

El primero del quinto mes funge como un día de voz en todo el mundo, pero que, en Honduras, es motivo para recordar a esos personajes únicos de la mano de Ramón Amaya Amador, que vuelven a traer esos colores perdidos de fotos conocidas y que pueden hacer reflexionar a cualquiera sobre la prisión glauca que impone el hombre hacia sus semejantes, incluso consigo mismo.

Legacías y linajes de personas honradas, al pie de una bandera que no es una cortina ideológica, que caminan recordando los valores y el fervor que le dieron sus ancestros a la edificación de una nación que no dejara de laborar como el alma de un sistema de provincias cuya sincronía se marchita.

Reforma a la Ley Agraria, vacunación masiva contra el COVID-19, alto a la privatización de servicios públicos, un paro a la corrupción y a la impunidad, entre otras cuestiones son los señalamientos que más estipulan dirigentes y miembros de grupos sindicales en sus pancartas ante el constante avance de un pánico que salpica voracidad ante los errores que se juzgan cual impía inquisición irracional.

No es la esencia de Lenin, lo que hace que crezcan los campos que están ahogados por las aguas de tormentas pasadas, sino que son esas hacendosas y arrugadas manos por las que el tiempo dice ser dueño, las que despejan toda hierba impura de esos llanos en los que el sol despunta mostrando las heridas abiertas y cicatrizadas de la vida.

Marcha singular y particular, a la que recurre la sociedad bajo el marco de la lucha por la supervivencia en una era de la que hay que aprender sin tener segundas o terceras intensiones pensando más en la recompensa que en el trayecto recorrido y el que sobra. Responder es útil, pero dudar también lo es.

Según la icónica frase de “el pueblo unido, jamás será vencido” de la canción Gimme Tha Power del grupo mexicano Molotov, y aplicado al contexto hondureño, la unión de los diferentes sectores es la que garantizará un futuro prometedor, sin dejar de lado la noción o razón principal de la labor para apartar la infructífera irregularidad.

El sol muestra los parches costurados que cubren agujeros de pantalones y camisas ajenas, las lágrimas por los compañeros que desaparecieron, las expresiones de angustia del día a día por el no saber cómo satisfacer las necesidades básicas entre tantas penurias que asedian sin alguna señal de remordimiento o perdón.

Ellos dan su apoyo incondicional a los (las) valientes que toman las jeringas cuales fusiles para aproximarse a las trincheras y curar a los ancianos y a los jóvenes que añoran con regresar a la normalidad lejana, del que solo tienen presentes momentos del ayer para cerrar los ojos y sentir el peso de las horas sobre ellos.

Estos (estas) trabajadores (as), se comprometen bajo el Juramento Hipocrático y el báculo de Asclepio como blasón celeste, a salir de esta transitoriedad que ha separado en paredes a una población debilitada por la fatalidad, la miseria y la falta de consciencia que la abruman y que vigilan a cada instante el momento en que se omita la seguridad adecuada.   

El día en que se publique esta narración, ya será el noveno día de mayo. Ya habrá pasado una semana de las marchas en conmemoración del día del trabajador y se convertirá entonces en el día de la madre, que además de ser la dadora de todo signo vigorizante de la vida, es quien cimenta el altar de una responsabilidad que perdura en la memoria de todo individuo, la calidez por la que ellas se esmeraran lo suficiente para formarnos y hacernos entender que la adversidad se vence con el furor que le demos en sintonía con lo que nos depara el destino.

Las flores se compran por montones para regalar y felicitarlas por todo lo que han hecho por nosotros, sin embargo, hay flores que sirven para decorar lápidas de mármol claro y oscuro que guardan las animas de madres que han sido abatidas por el emblema desolador del mundo. No retornan, dejando atrás su trabajo más reconocido, el haber criado a un caballero o a una dama que harán de sus hogares, moradas definidas por el deber y el valor.

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