domingo, 30 de mayo de 2021

ARTÍCULO DE OPINIÓN-EL GRITO DEL MANCO DE LEPANTO

 

El Grito del Manco de Lepanto

Artículo de Opinión escrito por: Pablo D. Moncada

De su puño y letra concibió una historia de dos compañeros que se enfrascaron en una lucha contra gigantes propios de la imaginación de un caballero, cuya mente estaba atrapada en una época diferente. El hombre detrás de tal magnífica y eterna obra estaría maravillado sobre las innumerables formas en que el hombre mismo puede comunicarse y andar sobre la faz de la tierra sosteniendo aparatos capaces de desatar los más fríos de los conflictos, sin recurrir a una violencia física.

En la cúspide del descubrimiento, su afán por conocerlos hubiera sido opacado por algo aún indecible que lo haría gritar de la más incalificable de las amarguras, el ver su preciado idioma siendo ultrajado por esta generación de hombres y mujeres que habitan en el país cuyo nombre describe del que sería su estética, y del que Cristóbal Colón zarparía de regreso a su hogar entre reinos.

Se supone que somos el corazón que une a dos continentes por muchos factores, siendo uno de los no tan mencionados o apartados, nuestra versión del idioma español que en lo que llevamos de este nuevo siglo, seguimos cometiendo errores de ortografía y elocuencia que han evolucionado a peor.

Los segundos hogares que fungen como la piedra angular del conocimiento son diezmados casi en su totalidad por la ausencia de mentes jóvenes que son presas del analfabetismo que intercede cuando jamás en la vida se ha tomado un lápiz y papel o tan siquiera un libro y emprender un viaje de vuelta al seno ibérico de nuestra lengua.

Incluso una persona que ostenta el grado de letrado tiene estos dones indispensables, no los agradece, no los efectúa, llega a la alta academia o al entorno profesional, y presenta lo que se le impuso con un erróneo manejo de las reglas que moldean el español. En casos extremos alegando desconocimiento o inventando normas inexistentes de la Real Academia Española (RAE), encargada de velar por el cumplimiento universal de las mismas.

En el marco del Foro del Ejercicio Moderno de la Relacione Públicas realizado el jueves 28 de mayo (un día antes de redactar este artículo) a través de la plataforma virtual, y conmemorando la Semana del Periodista en la Universidad Tecnológica Centroamericana (CEUTEC); se planteó varias temáticas sobre el cómo esta nueva generación de comunicadores tiene que inmiscuirse más entorno al modernismo tecnológico y digital en lo que se quiere mostrar a la gran gama de públicos que ciernen a nuestra sociedad.

Uno de los puntos que tocaron respectivamente, fue el de las poca o medias capacidades de dicción, redacción e interpretación que son los pilares que sustentan nuestro entendimiento comunicativo y que han aumentado considerablemente. Existen muchos responsables que van desde un ineficiente sistema formativo hondureño hasta la falta de atención en el núcleo familiar, de tal manera que hay pocas razones mostradas a la luz que dejan al individuo acorralado con el único sujeto infractor de su desdichado estado conformista y poco consciente, ellos (as) mismos (as).

En el intransigente inicio de la tercera década del presente siglo acompañada de una pandemia, las personas herederas de uno de los idiomas más bellos que la existencia haya concebido debemos defenderlo, sin evocar a la disidencia de las masas, con el único fin de trastornar el motor primero que hace a una sociedad avanzar hacia lo que creé correcto.

La inoportuna pesadilla del “Manco de Lepanto”, ante la degradación del uso de la lengua que lo inmortalizó y vigorizó a su vez, deber ser una reflexión que como territorio libre del yugo de la corona española tiene a disposición para nutrirlo y consolidarlo, ya sea para las causas y efectos que sean. Sus obras arropan a miles, que las despedazan con el violentado don de la ignorancia.

Deben ser los diccionarios, las enciclopedias, las antologías literarias, los compendios de estudio de materias generales, el conocimiento y práctica absoluta de las reglas de ortografía, caligrafía, entonación e interpretación, las que sirvan de machetes para despejar el solar de un ciclo que se hace presente en gran parte dentro de una Honduras con aspiraciones limitadas por este flagelo de naturaleza severa e inflexible.  

Si se quiere saltar al nivel de profesionalismo en ámbitos comunicativos, primero debemos hacer caso a nuestras falencias en el uso de nuestro idioma, para corregirlas y adecuarlas a un nivel óptimo y satisfactorio, no solo con los superiores, sino con nosotros mismos como personajes de un libro de historia que no cesa en escribir nuestro tan logrado progreso.

Tal vez, el qué hubiera sido de la sorpresa de Miguel de Cervantes Saavedra de conocer la decadente situación en la que está el idioma español y su repentina reacción, quizás sean meras ideas o nociones que nunca pasarán en una realidad en el que el acto de pensar se ha desvanecido de la colectividad y en que el idioma que heredamos perdure en los vestigios de la memoria infructífera de la humanidad que clama y muy pocas veces actúa en pro de sus semejantes y de quien en verdad es.


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